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sábado, 24 de marzo de 2012

“DIVINA RECOMPENSA”


La humildad y mansedumbre de corazón
ante la atenta mirada de Jesucristo y Dios,
se transforman en gloria espiritual. 


© 2012 

“AMOR DE SALVAVIÓN”



Por cada palabra divina
que con tu amor nos regalaste,
por cada instante de paz
que con tus enseñanzas bautizaste,
por cada paso que diste
junto a la cruz que por nosotros portaste,
por cada segundo de padecimiento
que por nosotros soportaste,
por cada gota de sangre
que por nosotros derramaste,
por cada pecado nuestro
que con tu vida de nosotros desterraste,
por todo lo que conllevó tu venida,
por esos treinta y tres años de humildad,
de milagros, de curas y de ayuda al prójimo,
por esa vida eterna tras esta vida
para la resurrección de nuestras almas,
por todo eso y mucho más,
yo pongo mi fe en ti con plena confianza,
sin temor ninguno, ni siquiera a la muerte,
al saber que el fin solo será el principio,
ya que esta vida es una escuela
donde poder cultivar el alma
y así convenientemente prepararla
para lo que llegue luego.
Si tú cargaste con nuestra cruz
marcando a cada paso el sendero,
yo seguiré confiado tu rastro
al saber que al final de la senda,
Señor tú me esperas con los brazos abiertos.
Bendito y glorioso eres Señor
por mostrarnos el mayor don,
el genuino amor infinito y eterno
repleto de misericordia,
cual perdón que emanó de tu boca:
¡Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen!
El destierro de nuestros pecados
y la salvación de nuestras almas,
gracias a la mansedumbre y paz de tu amor.
Jesucristo bendito que por nosotros diste tu vida,
te hago entrega de mi corazón
y a ti yo encomiendo mi alma,
soy tu siervo por siempre,
mi destino se haya en tu senda,
mi amor, mi vida, mi fe,
te los entrego por entero
con las puertas de mi alma de par en par abiertas.
Hágase tu voluntad por los siglos de los siglos,
bajo un halo de luz que bautice nuestras vidas,
mostrándonos la verdad del amor
y encumbrando nuestras almas.

“ANHELO DE AMOR”


¿Qué es el amor?
¿A dónde va el amor?
¿Dónde espera?
¿Cuál es su destino?
Yo a la orilla de mis pensamientos,
te pregunto ansioso de respuestas
que resuelvan tal encrucijada de la vida,
acaso anhelando discernir el mayor de los misterios.
¡Dime que es el amor,
si acaso tú sientes su hipnotismo,
ese que en leyendas y epopeyas
claman cantos de sirenas
entre sentimientos líricos!
¡Dime que es el amor,
si acaso tú presientes que de pronto,
sutilmente arriba a tu vida
orbitando en un mar de estrellas!
¡Dime que es el amor,
si acaso tú paladeas el dulzor de sus mieles
en un firmamento adyacente al olimpo!
¡Dime amada mía, dime,
si acaso el pincel del amor
cautivo de tu esplendor,
pinta la luna de rojo pasión
ante tu atenta y radiante mirada!
¡Dime amada mía, dime,
que yo no sueño despierto
cuando me imagino a tu lado
saboreando el cielo de tus labios!
¡Dime amada mía, dime,
en qué mundo vivo yo,
que aún peregrino errante en mi universo
por sendas y sendas de sentimientos!
¡Dime ángel de ilusión, dime,
porque aún me es esquivo el amor,
porque este sigue traicionando mi esperanza
a cada pálpito de corazón!
¡Dime tú si acaso sabes,
donde radica y nace su canción
que mece de súbito el alma
entre un suave y místico resplandor!
¡Dime amada mía, dime,
que tú si conoces su paradero,
y que algún día de estos
con él embelesarás mi mundo,
entre un amanecer de placeres
que alcen el vuelo de mi esperanza,
de mi ilusión, de mi universo entero!
¡Dime musa de mis entrañas,
dime tú que de mí tanto sabes,
que existe todavía un amor de esos
que de tanta ternura y cariño
renuevan al ser que aman!
¡Dime que no es ni jamás será mentira,
lo que yo imagino desde hace tiempo,
al atisbar un plácido y romántico futuro
junto a la esencia de amor
que engendro en cada verso!
¡Dime, dime luz de mis ocasos
y de mis solitarios amaneceres,
que existe ese amor con que sueño
recostado sobre un horizonte de tintados trazos!
¡Dime musa de mi vida,
si acaso estás de mi parte,
si sabes la verdad del amor,
si ansías volverte realidad
para mí un día de estos!
¡Dime, dime que sí,
que no son en vano ninguno de mis deseos,
ninguno de mis sueños,
ninguno de mis amorosos anhelos!
¡Dime, dime musa que sí,
o aleja de mí cada letra,
cada palabra, cada verso,
que acunas a la luz de la luna
con el destello de fugaces estrellas!
¡Dime, dime por lo que más quieras que sí,
que no será errante mi sentir,
y que este volará para siempre
y más alto que nunca,
de la mano de un amor sin igual!
¡Dime, dime amada mía
que siempre en silencio me hablas,
que no serás simple ilusión
que abandone mi ser de repente,
por no poder cumplir una misión,
volverte con cada poema mujer real
que destierre tanta melancolía de mí,
y apacigüe mi humilde alma
en un manantial de amor y paz!
¡Dime, dime musa que me ayudarás,
que tú encarnarás esa mujer,
que así serás algún día
esa otra mitad que me encumbre,
que en su seno mi corazón acobije,
y que transite conmigo
por la senda del placer,
de la felicidad, y del amor!
¡Dime, dime musa, dime,
dime que cumplirás para mí,
mi gran anhelo!